TUS RELATOS

Relatos eróticos de los oyentes de Sexto Continente y lectores de Ediciones Irreverentes

Muriendo de Ganas de Abigail López (España) http://solitaxlacalle.blogspot.com/ 

El cuarto de baño estaba lleno de vaho.
Mientras, el agua caliente cubría la Bañera de patas de León.
Ella se acercó al espejo y escribió su nombre muy despacio casi acariciando el cristal.
No había mucha luz, rozaba la intimidad las llamas de unas velas colocadas
Estratégicamente por el suelo. El vino en su temperatura exacta y dos copas esperando. Impacientes por ser servidas.
Desnuda y ansiosa le esperaba...con el deseo hambriento...
Con los ojos cerrados...
Imaginaba una y otra vez como sus manos recorrerían sus pechos...
Cómo su boca, sus labios, su lengua humedecía sus pezones....
Cómo se ponían duros con el roce y el calor.
Imaginaba sus besos... cada vez más pasionales...
Cómo se mordían los labios... como le devoraba el cuello.
Imaginaba su miembro duro, rosado, maravillosamente apetecible...
Podía sentir sus latidos...
Podía imaginar el tacto al jugar con su lengua, sus labios, sentir su calor...
Lo Imaginaba dentro de ella, embistiéndola con furia, dándose entero, robándole el alma
Y los orgasmos...muriendo de placer.
Imaginaba... Imaginaba.... y la excitación y la humedad le recorrían las ingles...y bajaba por sus piernas.
Abrió los ojos... alguien abría la puerta tras ella... la agarraba de la cintura y le besaba el cuello...
No se dijeron nada....
Se cerró la puerta a la imaginación.,
Dando paso a lo real, a la pasión...al inmenso deseo contenido.

Puntagorda. de Miguel Pérez (España)

Gladys disfrutaba con los golpes de viento, los que le provocaban la velocidad de la sangre en sus arterias y el refresco suave y repentino con el vuelo de su falda por la mañana. La sonrisa de Gladys en la parada del autobús la delataba. Gladys disfrutaba viendo cómo su vecino se enloquecía al recibir de golpe el fotograma de su entrepierna tan fresca al amanecer. Era entonces cuando su vecino huía por la avenida esperando no volver a ver semejante escena. Pero todas las mañanas ocurría. Por azar, por provocación, por coincidencia, por Dios sabe qué, todas las mañanas en la plaza de Puntagorda Gladys dejaba ver un fotograma de su entrepierna desnuda recién rasurada a su joven vecino jubilado en la parada del autobús. Juan era guardia civil, pero su esquizofrenia lo delató en el cuerpo y lo cesaron para siempre y se compró una casa en Puntagorda para vivir lejos del mundanal ruido, con el único acompañamiento del canto de los pájaros en el día y el de los grillos en la noche. Su esquizofrenia lo delató ante el cuerpo como quizá la sonrisa de Gladys en el suyo, o como quizá los ojos brillando de Gladys clavados en las pupilas esquizofrénicas del joven Juan mientras crecen los pechos de Gladys y se clavan en la camiseta a falta de la joven espalda de Juan adonde quizá quisiera Gladys que llegaran sus pezones, alcanzarla hasta atravesar la piel de Juan con la suya y dejar que la sangre manche la espalda de Juan y manche así también la camiseta de Gladys, y así sus pezones manchados con la sangre de Juan los uniera para siempre, que decidido a arrancar de cuajo esta casualidad de su rutina diaria prepara un siniestro acontecimiento, pero no por ello escaso de sutiles matices…

Todos viendo tu libertad. de Agustynus Eliyahu  www.reinodealbanta.blogspot.com

Soñábate anoche que estábamos terminando de comer en la sala mientras planeábamos ir a tomar algo a una cantina muy concurrida. Te pedí que te vistieras muy sensual, provocativa, con una falda corta y con un escote muy amplio. Me dijiste que te lo pensarías, me besaste con muchas ganas, y te fuiste a la habitación.
Una media hora más tarde me fuiste a buscar a la sala. Llevabas una falda blanca de una tela muy suave, bastante corta, y si bien tenía algunas flores estampadas en celeste y amarillo, eran muy livianas como para poder impedir que el blanco prevaleciera. Por la textura, la falda se amoldaba a tu cola y a tus muslos, y al caminar, parecía marcarse con alevosía la zona de tu sexo ardiente. Te habías puesto una camiseta blanca muy ajustada, con un escote muy amplio, y podían verse la mitad de tus pechos. Llevabas puestas unas botas también blancas muy brillosas pero no muy altas. Y volviste a besarme muy excitada.
Te comenté que estaba muy deseoso de ti, y que no hacía falta que fuéramos a tomar nada a ninguna parte, que ahí mismo quería poseerte. Pero me respondiste que luego, después de unas copas, volveríamos a nuestra casa para amarnos locamente. Acepté con una voz cubierta de excitación y nos dirigimos a la puerta. Antes de abrirla me acerqué a tu oreja para susurrarte que te quitaras las bragas y el sostén para que se marcara mejor tu sexo, tu cola y tus pezones, claramente despiertos. Y sin decir una palabra, con una respiración entrecortada me obedeciste. Primero te sacaste las bragas dejándolas en el suelo, y luego te quitaste el sostén para arrojarlo a mis pies.
Salimos a la calle y me tomaste de la mano con fuerza, como queriéndome transmitir el fuego que llevabas encima. Te correspondí aprisionando tu mano con mayor fuerza y pudiste verme morderme el labio antes de acercarme a tu boca para comerla unos instantes. Sin importarte que alguien nos viera me tocaste el bulto con ansias de comprobar que ya me encontraba completamente excitado y preparado para penetrarte. Y nos sonreímos…
Mientras continuamos caminando podía ver como tus pezones parecían salirse de la camiseta, cómo la tela de la falda se enterraba en tu cola como un pantalón bien ajustado lo haría, y al verte de frente pude ver como por momentos el viento hacía que tu sexo comiera la tela marcándose los otros ricos labios que allí tienes.
Ingresamos a la cantina y nos acercamos a la barra. Nos pedimos unas copas y comenzamos a besarnos. Parecía que habíamos llegado a nuestra habitación por el arrebato que comenzábamos a liberar, pero es que ya estábamos muy calientes para entonces.
Te acerqué a mi pecho tomándote por la cintura y sin haberlo planeado, pero disfrutándolo, levanté un poco tu falda hasta donde comienzan a lucirse tus nalgas. Dos parejas sentadas en una mesa frente a nosotros no podían dejar de mirarnos y se tomaban fuertemente las manos. Con lo cual, haciéndome el desentendido te besé un pecho casi hasta morderte un pezón, provocando que te inclinaras hacia mí y volviéndose a levantar un poco más tu falda. Los de la mesa pensarían que llevaras unas bragas muy finitas y bien adentradas en tu cola, pero tú y yo sabíamos bien que no llevabas nada.
Comenzó a escucharse una música entretenida y la gente comenzó a moverse un poco. Nosotros nos abrazamos para bailar y nos metimos donde había más gente. Entonces, sin dejar de besarnos, logramos que tu cola rozara otras piernas, otras manos, de hombres y mujeres. En ningún momento dejábamos de besarnos…
Llegó un clímax en el que no pude más de la excitación y tomándote de la mano te saqué de la cantina y volvimos a la calle. Estabas desencajada de la emoción y me besaste mordiéndome los labios a la vez que yo tiraba de tu cabello. Inmediatamente me dijiste que al salir varias manos te habían manoseado… Algunas grandes y masculinas, pero también una uña de mujer se te había clavado en una nalga…
Caminamos apresuradamente hasta llegar a la casa y tras cerrar la puerta, levanté tu falda y te penetré fuertemente por detrás aferrándome a tus pechos, mientras me decías que eras mías, mientras te hacía mía…